Odón Elorza

Odón Elorza

Solicitud de informe al Ministerio de Defensa sobre el traslado de Cuarteles de Loiola.

SOLICITUD DE DATOS, INFORMES O DOCUMENTOS. 

 

Solicitud de Informe del organismo correspondiente del Ministerio de Defensa que considera negativa la reubicación de los Cuarteles Militares de Loiola (San Sebastián) en el área de Antondegi, también en el término municipal de la capital donostiarra, al parecer por no reunir aquel territorio condiciones idóneas.


ADMINISTRACIÓN PÚBLICA DE LA QUE SE RECABAN: MINISTERIO DE DEFENSA

 

SOLICITANTE: Odón Elorza , Diputado

Congreso de los Diputados, a 16 de febrero de 2022 

 

SRA. PRESIDENTA DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

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PROPOSICIÓN NO DE LEY sobre la reforma del Reglamento del Congreso.

                                        A LA MESA DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

 

El Grupo Parlamentario Socialista, de conformidad con los artículos 193 y siguientes del Reglamento de la Cámara, presenta la siguiente PROPOSICIÓN NO DE LEY sobre la reforma del Reglamento del Congreso, para su debate en la Comisión de Reglamento.

 

Congreso de los Diputados, 3 de febrero de 2022.

 

EL DIPUTADO

ODÓN ELORZA GONZÁLEZ

 

                                                          EXPOSICIÓN DE MOTIVOS: 

 

La Constitución expresa en su preámbulo que la Nación española proclama su voluntad de establecer una sociedad democrática avanzada. El artículo 66 señala que las Cortes Generales representan al pueblo español y ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución. El artículo 23 reconoce que la ciudadanía tiene el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes y el artículo 67.2 indica que los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo.

Por su parte, el artículo 72 establece que las Cámaras del Congreso y Senado regulan su funcionamiento por medio de sus propios Reglamentos y su reforma requerirá la mayoría absoluta.

Pues bien, se acaban de celebrar en el Congreso unas Jornadas Parlamentarias con ocasión del 40 aniversario de su Reglamento. Han sido organizadas por acreditadas entidades universitarias y de estudios políticos y han contado con la participación de expertos de alto nivel, entre esas personas estaban letradas y letrados de la Cámara, siendo la opinion generalizada favorable a proceder a la reforma consensuada del Reglamento del Congreso.

Se trata de responder en el ámbito parlamentario a los desafíos que presenta la democracia representativa en la sociedad del siglo XXI y al déficit existente en la relación entre representantes y representados, así como aprovechar las potencialidades que ofrecen las nuevas tecnologias en los procesos de toma de decisiones y de transparencia.

En las intervenciones de estas Jornadas se compartía la idea de que con la reforma del Reglamento se puede fortalecer el papel de un Parlamento Abierto en la vida política, algo muy necesario para la regeneración institucional, y la garantía de calidad de la democracia. La reforma permitiría mejorar las reglas de funcionalidad y de equilibrio de la Cámara y principios como la separación de poderes y el respeto al pluralismo.  

El Congreso, al ser la institución más representativa de la democracia y el centro de la vida política española, es quien más puede hacer por transitar la vía hacia una democracia cada vez más avanzada, como anhela la Constitución.

Por tanto, la obligación de quienes formamos parte del Congreso es promover los trabajos parlamentarios y crear las condiciones que permitan alcanzar el necesario consenso en torno a las reformas que precisa su Reglamento y que las ponencias de las Jornadas fueron desgranando.

De esa manera, el Congreso daría respuesta a los problemas que arrastra nuestro modelo de democracia representativa, que ya no debe entenderse como una simple delegación de voto de los electores durante cuatro años en los diputados y diputadas electas, porque la sociedad demanda más cauces de participación, control y garantías de integridad y transparencia. También ayudaría a ganar en prestigio y credibilidad ante cierta fatiga de la política y del parlamentarismo. El objetivo es mejorar su funcionamiento para efectuar sus funciones con más agilidad, acierto y eficacia en una sociedad española y global que ha cambiado en estos 40 años.

El Reglamento del Congreso fue aprobado en 1982 y, desde entonces, solo se ha reformado para aspectos muy puntuales y aprobado normas complementarias. La espera de una reforma se hace larga pero para efectuarla con garantías no se parte de cero. A lo largo de estos años han sido numerosas las organizaciones, entidades y expertos que han reflexionado sobre las carencias de nuestro modelo parlamentario, aportando documentos y propuestas concretas de gran interés para contribuir a sentar las bases de una reforma.

La reforma del Reglamento conlleva la incorporación de nuevos capítulos y disposiciones sobre diferentes materias. Estas son, a modo indicativo, algunas de las temáticas que podrían debatirse de cara a perfeccionar su regulación: las reglas del funcionamiento general de la Cámara; los procedimientos y la tramitación de las iniciativas legislativas; los mecanismos de control al gobierno; las reglas éticas, de integridad y transparencia parlamentaria; el papel de las herramientas y aplicaciones tecnológicas en la comunicación, relación con la sociedad y creación de vías de participación en la toma de decisiones.

Pues bien, con el objetivo de la reforma del Reglamento, a la vista de la experiencia práctica, conocidas sus lagunas y las carencias observadas durante la pandemia, y basándose en las aportaciones señaladas, los letrados de la Cámara pueden aportar, a la Presidencia, Comisión de Reglamento y a la Ponencia que se constituya, un documento abierto a propuestas. Sería un documento que recoja, como punto de partida, las bases sobre las que deliberar y tratar de consensuar la dimensión y contenidos de la reforma del Reglamento.

Este proceso de trabajo puede iniciarse con la comparecencia, en la Comisión de Reglamento, de aquellas organizaciones y expertos que enriquezcan el debate previo, exponiendo sus criterios y aportando sus documentos en un breve plazo.  

Por todo ello, el Grupo Parlamentario Socialista presenta la siguiente:    

                   
                                                            PROPOSICIÓN NO DE LEY.    

“El Congreso de los Diputados acuerda manifestar la necesidad de afrontar la reforma del Reglamento del Congreso para reforzar el papel del Parlamento en la vida política española y mejorar su funcionamiento general, en especial en las tareas legislativa, de control, integridad y en su relación con la sociedad, solicitando a la Presidenta de la Cámara, como Presidenta de la Comisión de Reglamento, la puesta en marcha de los trabajos de una Ponencia que haga posible el consenso en torno a las reformas que requiera el Reglamento para su adaptación a una democracia avanzada.”    

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PROPOSICIÓN NO DE LEY en defensa de la cultura política del diálogo y el consenso.

                                      A LA MESA DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS 

 

El Grupo Parlamentario Socialista, de conformidad con los artículos 193 y siguientes del Reglamento de la Cámara, presenta la siguiente PROPOSICIÓN NO DE LEY sobre la defensa de la cultura del diálogo, para su debate en la Comisión Constitucional.

 

Congreso de los Diputados, 8 de febrero de 2022.

 

EL DIPUTADO

ODÓN ELORZA GONZÁLEZ

 

                                                     EXPOSICION DE MOTIVOS :

 

La Constitución de 1978 es la norma clave que hizo posible la restauración de la democracia en España. Su aprobación fue posible por la capacidad de diálogo y negociación de aquellos lideres, por las renuncias de los constituyentes defensores de la democracia y por la voluntad de consenso y concordia mostrada por la gran mayoría de los partidos políticos ante una sociedad ilusionada.

Aquel espíritu constitucional permitió crear un clima de consenso político y social que pasó a convertirse en un modelo a seguir para afrontar los grandes retos y los conflictos de Estado.

En la actualidad, España se encuentra en otra encrucijada. Vivimos un tiempo de crisis de la política, de retos colectivos e incertidumbres que provocan inseguridad. La sociedad experimenta profundos cambios y una creciente desigualdad en el marco de la globalización; necesitamos transformar nuestro modelo productivo promoviendo la transición energética y la digitalización; y somos conscientes de las dificultades que comporta una gobernanza compartida en un Estado plural que precisa de mayor cohesión.

Acertar en las soluciones democráticas exige actuar con lealtad al interés general de la población y un esfuerzo colectivo en favor del diálogo, el entendimiento y la generosidad intelectual. De lo contrario, España quedará descolgada de los países de vanguardia en Europa.

Es preciso consensuar las respuestas a los graves efectos provocados por la pandemia de la COVID-19 en la vida de millones de personas y en las empresas; respuestas a la oportunidad histórica de gestionar con acierto, eficacia y transparencia las ayudas solidarias y extraordinarias de los Fondos Europeos destinados a una recuperación económica justa, lo que demanda acuerdos con un elevado grado de unidad institucional; a la compleja tarea de gestionar procesos de transición ecológica y energética para responder a la emergencia climática; a la gestión de la descarbonización en favor de un desarrollo sostenible sin que empobrezca o perjudique a los territorios que han dependido del uso del carbón; así como a los procesos de transformación de la economía productiva provocados por la digitalización de la sociedad.

Pero, además de estos trascendentales retos, existen otras cuestiones pendientes, como la reforma de la Constitución y la reforma del Reglamento del Congreso. Sin olvidar el desbloqueo de la renovación del CGPJ. Asuntos diferentes pero que requieren un amplio consenso transversal y a los que los actores políticos, todavía hoy, no encuentran una salida. Es más, casi nadie se atreve a dar un primer paso porque no se aprecian condiciones para avanzar ni se da el clima apropiado para el diálogo.

Se trata de un conjunto de situaciones que presentan enormes dificultades e intereses enfrentados y que exigen altura de miras por parte de las fuerzas políticas, sentido de la responsabilidad de Estado y formas de acción política que sean coherentes con los valores de la democracia. Todo ello será necesario para extender el consenso social.

Las reformas profundas, que tenemos que debatir y aprobar en el Parlamento, han de concitar el apoyo de amplias mayorías sociales y parlamentarias para garantizar la permanencia de las reformas y de las leyes en las que se sustenten. Solo si se construyen desde la lealtad, el diálogo y el consenso podremos dar estabilidad a las reformas.

Las respuestas políticas precisas y la mejor defensa de los intereses generales de España y de la ciudadanía precisan, en este escenario, una predisposición al diálogo, a la búsqueda del consenso y a los pactos por parte de la pluralidad de fuerzas políticas democráticas, de gobierno y de oposición. Una apuesta explícita por el pacto, realizada con voluntad de pedagogía pública, ya que también han de contribuir las fuerzas económicas, sociales, los intelectuales y los medios de comunicación.

No olvidemos que se trata de problemas que tendrán continuidad y de actuaciones políticas públicas que deberán prolongarse en el tiempo. Por tanto, las leyes que se acuerden han de nacer con el mayor consenso y la mayor legitimidad posible como garantías de su permanencia más allá de las alternancias de gobierno.

Precisamente, la aproximación a parte de esos valores democráticos han permitido alcanzar, recientemente, acuerdos de gran significación que marcan el camino a seguir y ayudan a reforzar la confianza en la política. Es el caso del pacto social y político alcanzado entre los agentes sociales sobre la Reforma Laboral, las medidas iniciales aprobadas por el Congreso en relación con la declaración del Estados de Alarma para luchar contra la pandemia y sus efectos en la vida de las personas y en la economía del país o el acuerdo del Pacto de Toledo para garantizar la actualización y sostenibilidad de las Pensiones. Sin embargo, el consenso no fue posible.

La realidad es que esta crisis política, acompañada de actitudes de bloqueo permanente, sectarismo así como de discursos de odio, está afectando a la confianza ciudadana en las instituciones democráticas y dificulta las respuestas a los problemas señalados.

La confrontación institucional más radical, la desinformación, la crispación alimentada artificialmente desde los foros políticos se traslada a la sociedad y a las calles, generando una absoluta polarización social, mediática y digital. Esa situación no favorece la defensa eficaz del interés general de España ni la recuperación del prestigio de las instituciones democráticas.

En definitiva, el dialogo es un valor ético de la política y el método para alcanzar consensos ante los conflictos; por tanto, es consustancial a la democracia. Por esa vía tenemos que avanzar en el logro de pactos de convivencia y progreso para efectuar grandes reformas estructurales que favorezcan el desarrollo del Estado del Bienestar y el fortalecimiento del Estado social y democrático de Derecho, elementos básicos de nuestra arquitectura constitucional.

De ello debe deliberar esta Cámara: sobre la importancia decisiva de la cultura de diálogo para propiciar otro escenario político y evitar que la democracia se vea desbordada por la pérdida de cultura cívica y la práctica de la antipolítica.


En consecuencia, el Grupo Parlamentario Socialista presenta la siguiente:

                                                                   
                                                        PROPOSICIÓN NO DE LEY.


“El Congreso insta al conjunto de fuerzas políticas democráticas a perseverar en la defensa de la cultura del diálogo, negociación y pacto entre diferentes, así como del buen gobierno apoyado en la aplicación de valores democráticos como la lealtad al interés general del país y su ciudadanía, la voluntad de entendimiento y consenso social, la búsqueda de la convivencia cívica, la honestidad y la transparencia. De modo que, en la encrucijada histórica que atraviesa España, la cultura política de diálogo sea la mejor herramienta de los actores políticos para despejar incertidumbres, avanzar en una democracia integradora y afrontar, con sentido de la justicia social y permanencia, los nuevos desafíos, las grandes reformas y las transiciones que plantea a España este siglo XXI.”

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La cultura del diálogo frente al populismo y la antipolítica.

Solo nos faltaba el esperpento que se organizó tras la votación de la valiosa reforma laboral. Otra vuelta de tuerca a la crisis de la política que vivimos en España y que provoca hartazgo y enfado en la gente. Por eso hay motivos sobrados para reflexionar sobre las salidas al nivel de confrontación, la ausencia de consensos y la polarización social.

Sin embargo, todavía hay quienes, en vez de reflexionar sobre la gravedad del momento, caen en la frívola equidistancia con la que no quieren reconocer la responsabilidad de la derecha política y mediática por su estrategia de acoso para desestabilizar al Gobierno. Así como por intentar frenar la recepción de las ayudas europeas en perjuicio a los intereses del país.

Tienen siglas quienes han rechazado la reforma de las pensiones, la reforma laboral o las medidas para combatir los efectos de la pandemia. Son partidos que practican el populismo y la antipolítica.

La Constitución de 1978 es la norma clave que hizo posible la restauración de la democracia en España. Su aprobación fue posible por la capacidad de diálogo y negociación de aquellos lideres, por las renuncias de los constituyentes que habían luchado por la democracia durante la dictadura y por la voluntad de consenso y concordia mostrada por la gran mayoría de los partidos políticos ante una sociedad ilusionada.

En la actualidad, España se encuentra en otra encrucijada, debiendo afrontar retos colectivos complejos e incertidumbres que provocan inseguridad en la ciudadanía.

Estamos ante la oportunidad histórica de gestionar con acierto, eficacia y transparencia los Fondos Europeos destinados a una recuperación económica justa. Lamentablemente, no fue posible un Pacto de Estado para evitar la confrontación partidista sobre las ayudas europeas.

Así mismo, es imprescindible la transformación del modelo productivo, una exigencia provocada por la digitalización de la sociedad y por la transición energética en respuesta a la emergencia climática. Pero, además, hay otras cuestiones pendientes, como la reforma de la Constitución y la reforma del Reglamento del Congreso. Además del desbloqueo a la renovación del CGPJ.

Estos retos presentan enormes dificultades e intereses enfrentados. Por tanto, exigen altura de miras por parte de las fuerzas políticas, sentido de la responsabilidad de Estado y formas de acción política que sean coherentes con los valores de la democracia. Todo ello nos obliga a tratar de consensuar las decisiones con un elevado grado de unidad institucional.

La verdad es que esta crisis de la política, provocada por actitudes de bloqueo permanente, sectarismo y discursos de odio, está afectando a la confianza ciudadana en las instituciones democráticas y dificulta las respuestas a los problemas señalados. La confrontación institucional, la desinformación y la crispación, alimentada artificialmente desde los foros políticos, se trasladan a la sociedad y a las calles, generando una extrema polarización social, mediática y digital.

¿Cual ha de ser la respuesta? Acertar en las soluciones democráticas nos exige actuar con lealtad al interés general de la población y un esfuerzo colectivo en favor del diálogo, la negociación y un consenso transversal. De lo contrario, España quedará descolgada de los países de vanguardia en Europa y se habrá hecho un daño irreparable a nuestra democracia.

Las reformas profundas que debatimos y aprobamos en el Parlamento han de concitar el apoyo de amplias mayorías parlamentarias y sociales para garantizar la permanencia de las reformas y de las leyes en las que se sustenten. - Hablamos de reformas que tendrán continuidad y de actuaciones políticas públicas que deberán prolongarse en el tiempo.

Por tanto, las leyes que se acuerden han de nacer con la mayor legitimidad posible y el mayor consenso, como condiciones para su permanencia más allá de las alternancias de gobierno. Una apuesta explícita por el pacto del pluralismo realizada con voluntad de pedagogía pública, ya que también han de contribuir las fuerzas económicas, sociales, los intelectuales y los medios de comunicación.

Demos una oportunidad a la cultura de dialogo como valor ético de la política y como método para alcanzar consensos ante los conflictos. Es la única forma de favorecer el desarrollo del Estado del Bienestar y el fortalecimiento del Estado social y democrático de Derecho, elementos básicos de nuestra arquitectura constitucional.

 

Odón Elorza / Diputado del PSOE

San Sebastián 9 de febrero de 2022 / Publicado en infolibre.es

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