Odón Elorza

Odón Elorza

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La Eutanasia como conquista del derecho a una muerte digna.

Hoy, con la aprobación en el Congreso de la Ley de Eutanasia para poder elegir una muerte con DIGNIDAD, la ciudadanía contará con un nuevo derecho civil que no se impone a nadie. Cada persona tendrá la LIBERTAD de decidir si se acoge a este derecho.

Tras largos años de espera, hoy conquistamos un nuevo DERECHO CIVIL, la Eutanasia, que hace que la sociedad española sea un poco más humana y goce de más LIBERTAD.

Por tanto, esta decisión democratica dignifica la labor de un atormentado y convulso Parlamento. Y como ya sucedió con otros derechos (el aborto, el divorcio, el matrimonio entre personas del mismo sexo) y otras libertades, ha sido rechazada por la derecha reaccionaria.

La EUTANASIA , es un derecho fruto de la lucha de personas que necesitaban y querían una muerte digna, de personas pioneras concienciadas así como de colectivos que trabajaron durante años por ganar un derecho de libre decisión personal. Para ellos mi reconocimiento.

Pero no nos confiemos. Menos aún los socialistas y el resto de la izquierda que hemos votado sí con plena convicción.

Quienes han votado NO son los mismos partidos, además de la Iglesia y otras fuerzas en la sombra, que quieren aparecer como defensores de un LIBERTAD vacía de contenido. Y anuncian que cuando lleguen al Gobierno no dudarán en derogar esta y otras conquistas de progreso.

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Todo se revuelve en mi interior, del estómago a la cabeza, tras asistir al tercer debate sobre ETA -en solo dos dias- en el Pleno del Congreso.

Todo se revuelve en mi interior, del estómago a la cabeza, tras asistir al tercer debate sobre ETA -en solo dos dias- en el Pleno del Congreso. Y aunque han pasado diez años desde la derrota de la organización terrorista por el Estado de Derecho y los demócratas, ETA está más presente que nunca en boca de V0X, PP y Cs.

Vuelvo a recordar el infierno que viví hace 20 y 40 años al hilo de un debate parlamentario casi siempre ácido, manipulador y plagado de falsas acusaciones al PSOE y al Gobierno. Un debate que siempre me lleva a revivir los atentados, el sufrimiento de las victimas y de sus familias y el pensamiento de que aquella tragedia, aquel estado de permanente tristeza, no tendría final.

Es como si algunos partidos necesitaran para sus objetivos resucitar a ETA en sus discursos, para acosar al Gobierno de Pedro Sánchez. Y para volcar odio sobre Zapatero y Rubalcaba. Lo malo es que con su estrategia provocan la sensación de que ETA sigue dirigiendo nuestras vidas, de que ETA no fue derrotada.

Nada de eso es verdad. Pero supongo que hay personas que se lo creen, que piensan que este Gobierno pactó con ETA y sigue pactando por medio de Bildu. Eso intentan hacer creer los mismos que quieren hoy patrimonializar la bandera de la libertad.

Pasé 20 años escoltado en condición de alcalde de San Sebastián (1991-2011), con amenazas y un miedo sólo superado por mis convicciones democráticas, con capacidad de movimientos muy limitada, con episodios terribles de kale borroka y, sobre todo, con el asesinato de amigos políticos y personales. Me refiero a quienes considero como una parte de mi vida y una extensión de mi “familia”. Se llaman Ernest Lluch, Juan Mari Jauregui, Fernando Múgica, Enrique Casas, ...

Nunca los olvido, a ellos y a sus familias, como a los cientos de asesinados, cercanos o desconocidos. Entre ellos a las víctimas “anónimas” uniformadas, a quienes los vascos no supimos reconocer ni mostrar suficiente cariño a sus familiares en aquellos funerales casi clandestinos en Euskadi, sin el calor de un rechazo masivo a ETA por parte de la ciudadanía.

No vamos a olvidar lo que pasó ni dejar de reconocer el sacrificio de las víctimas. Tenemos un relato democrático que defender. Tampoco debemos olvidar la guerra sucia acotada en el tiempo -como el terrorismo de los GAL- o los casos de torturas. Episodios condenables -como así hice- y que el mundo de ETA utilizaba para justificar y jalear a ETA.

Hoy, como entonces, se impone la unidad de los demócratas y el fortalecimiento del Estado de Derecho frente a la instrumentalización partidista de ETA. España y sus instituciones tienen que hacer frente, con todos sus esfuerzos y ejerciendo los valores democráticos, a otros problemas reales y prioritarios. No dejemos que los recelosos y los enemigos de la democracia sigan confundiendo a la sociedad.

 

Odón Elorza / Diputado del PSOE por Gipuzkoa

Madrid, 17 de marzo de 2021.

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Pregunta al Gobierno sobre la protección efectiva de alertadores y denunciantes de casos de corrupción,

                                     A LA MESA DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

 

D. ODÓN ELORZA GONZÁLEZ, Diputado por Gipuzkoa, perteneciente al Grupo Parlamentario Socialista del Congreso, al amparo de lo establecido en el Art. 185 y siguientes del vigente Reglamento del Congreso de los Diputados, presenta la siguiente PREGUNTA, en relación con la transposición de la Directiva Europea sobre la protección efectiva de alertadores y denunciantes de casos de corrupción, para que le sea contestada por escrito.

                                                 EXPOSICIÓN DE MOTIVOS :

 

La lucha contra la corrupción constituye una prioridad para cualquier estado democrático. Por otra parte, en un periodo convulso y ante el avance de fenómenos políticos vinculados a la extrema derecha y a movimientos nacional-populistas, se requiere adoptar medidas que refuercen el sistema democrático para recuperar la plena confianza ciudadana en sus instituciones.

De ahí la necesidad de dar un paso decisivo para prevenir y luchar contra la corrupción y proteger al denunciantes y alertadores de casos y situaciones de corrupción y fraude para proteger el interés general.

El pasado día 26 de noviembre de 2019, el Diario Oficial de la Unión Europea publicó la Directiva (UE) 2019/1937, aprobada por el Parlamento Europeo de 23 de octubre de 2019, relativa a la protección de las personas que informen sobre infracciones del Derecho de la Unión.

La protección de los intereses públicos en los diferentes ámbitos de la Unión Europea guarda relación directa con la lucha contra el fraude, la corrupción y cualquier otra actividad ilegal, y ha llevado a la UE a acordar una Directiva. En ella, establece las normas mínimas. Por tanto, resulta posible para los Estados miembros introducir o mantener disposiciones que sean más favorables para el denunciante.

La transposición de la Directiva no debe, en ninguna circunstancia, proporcionar una justificación para la disminución del nivel de protección de que ya gozaran los denunciantes en virtud del derecho nacional en sus ámbitos de aplicación.

En su Artículo 26, la Directiva fija el plazo para que los Estados de la Unión aprueben la Transposición de la Directiva: “Los Estados miembros pondrán en vigor las disposiciones legales, reglamentarias y administrativas necesarias para dar cumplimiento a lo establecido en la presente Directiva, a más tardar el 17 de diciembre de 2021”.

En España, distintas asociaciones, organizaciones que trabajan contra la corrupción y en favor de la transparencia, juristas expertos y fuerzas políticas, han presentado, en los últimos meses, diferentes propuestas que buscan la defensa de los denunciantes. Es importante que el Parlamento español afronte la tarea legislativa de trasponer dicha directiva de protección a los denunciantes y alertadores de casos de corrupción y que se impidan y sancionen todo tipo de represalias.

En base a las anteriores consideraciones, formulo la siguiente Pregunta:

1. ¿Tiene previsto el Gobierno incluir en su Plan Normativo para 2021 la presentación al Congreso de una ley que trasponga la Directiva de la Unión Europea 2019/1937, aprobada por el Parlamento Europeo el 23 de octubre de 2019, relativa al establecimiento de un sistema de protección a denunciantes y alertadores sobre casos de corrupción y fraude?

2. ¿Ha iniciado el Gobierno un proceso deliberativo con las organizaciones y colectivos que trabajan en esta materia y han presentado propuestas, como paso previo a la tramitación en el Congreso de una ley para la protección de alertadores y denunciantes de casos de corrupción?

 

En el Congreso de los Diputados, a 3 de febrero de 2021

 

EL DIPUTADO

ODÓN ELORZA GONZÁLEZ

PORTAVOZ DEL GRUPO PARLAMENTARIO SOCIALISTA 35/CONSTITUCIONAL/BGF/1449

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La calidad de la democracia y sus amenazas.

Quienes siendo muy jóvenes luchábamos en España por ganar la democracia, en los últimos años de la dictadura franquista, lo hicimos con la enorme ilusión que despertaba la conquista de las libertades y los derechos básicos. Luego llegó la esperanza que movilizó a gran parte de la sociedad en favor de la transición democrática por encima de limitaciones e imposiciones.

Superado el intento de golpe militar franquista del 23F, nunca hasta ahora tuve una sensación tan clara de la vulnerabilidad de la democracia. El reciente asalto al Capitolio y sus antecedentes como demostración del avance del populismo nacionalista y la extrema derecha; la valoración creciente que se otorga al factor seguridad en detrimento de otros principios ante fenómenos como el terrorismo, la inmigración y los refugiados, las pandemias o la crisis climática; así como la extensión de la corrupción y los abusos de poder, son ejemplos de realidades que constatan las amenazas a la democracia en el planeta y muestran que no está garantizada.

Nuestro sistema democrático contempla un conjunto de valores supremos que tendrían que impregnar a la sociedad desde la escuela, la política, los medios y los cuarteles. Esos valores se apoyan en la arquitectura que ofrecen una Carta Magna o Constitución y unas instituciones al servicio del pueblo que han de ordenar la convivencia en base a los principios de igualdad, solidaridad y libertad así como resolver los conflictos. Pero tiene que ser un sistema político en movimiento que evite la atrofia de la democracia en un mundo dominado por la revolución tecnológica y que busque su mejora permanente. Un proceso creativo que nunca se dé por acabado porque, además, debe adaptarse a los tiempos y a las nuevas demandas ciudadanas.

La pervivencia y fortalecimiento de la democracia dependerá de la capacidad de reinventarse y evolucionar hacia una democracia más comprometida con la justicia social, la igualdad, la transparencia, la ética, la deliberación y participación de la sociedad y la ciudadanía en la toma de decisiones, más aún a la vista de las potencialidades que ofrece internet. Pero su regeneración dependerá de la acción política que promuevan la sociedad (dentro de ella destaco el papel de los medios de comunicación), la ciudadanía organizada y, en especial, del compromiso de los agentes políticos.

Se viene discutiendo, en medio de una desestabilizadora tensión política, sobre la calidad de la democracia en España. En este punto, debemos evitar una polémica simplista, desenfocada y carente de la necesaria reflexión colectiva para lograr que el debate público resulte riguroso y productivo.

Precisamente, la creciente desafección ciudadana hacia la política y los políticos, sumada a los recientes acontecimientos en USA que desembocaron en el asalto al Capitolio, como una tentativa golpista del trumpismo, ha de animarnos a impulsar ese debate sosegado en las viejas democracias. Debate sobre la salud de la democracia, sus debilidades y amenazas con el objetivo de afianzarla, huyendo tanto de la autocomplacencia de algunos como del derrotismo interesado de quienes lo ven todo negro.

Resulta decisiva, para la credibilidad y el apoyo ciudadano a la democracia, la forma de entender y ejercer el poder y la política por los políticos y los partidos. En medio del malestar social, son los comportamientos viciados de la actividad política los que atacan las bases del sistema democrático.

Me refiero a comportamientos que debilitan la democracia porque desprecian principios como la imprescindible separación de poderes y la igualdad de todos ante la ley y la justicia; actitudes que se vinculan al rechazo a la práctica del diálogo parlamentario y que utilizan la estrategia antipolítica de la desinformación, las verdades alternativas y las Fake News como armas de intoxicación a la sociedad; partidos que efectúan una gestión institucional ineficiente de los bienes y servicios públicos; líderes que mantienen una actitud condescendiente con la corrupción y con el todo vale para hacerse con el poder o practican discursos de odio y confrontación para polarizar aún más la sociedad.

No conozco ninguna democracia en el mundo que sea perfecta y no aspire a mejorar su funcionamiento y resolver sus carencias. Aunque se podría hablar de grados en la calidad de la democracia no deja de ser un terreno resbaladizo porque los parámetros y evaluaciones que utilizan las entidades en sus estudios no son las mismas. Sus conclusiones no siempre coinciden con la percepción que tiene la sociedad de la democracia ni resultan suficientemente objetivas y aclaratorias.

Hablamos con ligereza de democracia plena, democracia consolidada, democracia imperfecta, democracia autoritaria, anormalidad democrática, etc. Pablo Iglesias fue quien abrió una reciente polémica diciendo que “no hay una situación de plena normalidad política y democrática en España”. ¿Es eso cierto?¿Cómo interpretarlo?

Por ejemplo, el semanario británico The Economist en su informe “democracy index” de 2020 sitúa a España en el puesto 22 entre 167 países valorados, con 8,12 puntos (bajando seis puestos respecto del año 2019) y dentro del bloque que esta publicación considera como “democracias plenas”. Llama la atención que a partir del puesto 23, con solo 0,10 décimas menos, se inicia el bloque de las llamadas “democracias imperfectas”(52) que incluye, entre otros países, a Francia, Portugal e Italia. ¿Se perciben las diferencias? Luego se encuentran en su evaluación los países con regímenes híbridos (35) y, por último, los países con regímenes autoritarios (57).

Los resultados de The Economist se basan en sesenta indicadores diferentes agrupados en cinco grandes categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política.

Por su parte, la Fundación Alternativas en su Informe de 2019 realizado con las opiniones de 300 expertos sobre el índice de la democracia en España, otorga una puntuación de 6,1/10 a una democracia que considera “consolidada formalmente pero con fallos estructurales”, advirtiendo que tiene un largo recorrido en el terreno de los aspectos sustanciales y señalando diferentes debilidades. Veremos qué dice el informe correspondiente a 2020 que tendrá en cuenta los efectos de la pandemia en el debate político, la vida y la economía del país y la población. 


[https://www.fundacionalternativas.org/public/storage/publicaciones_archivos/d994940308e236897d22a70475c6fefb.pdf ]



Cuestión diferente es la percepción ciudadana. Así, el CIS recogía en su encuesta de mayo de 2019 el grado de satisfacción por parte de los españoles -en una escala de 0 a 10- con el funcionamiento de la democracia, con un 32% de insatisfechos, un 45% de satisfechos y un 19,5% que se situaban en el valor 5, a mitad de la escala.

En otra encuesta del CIS, en septiembre de 2018, el grado de satisfacción alcanzó el 42,6% mientras que la insatisfacción de las personas encuestadas era de un 54,8%. Sin duda, se producen opiniones cambiantes y resultados diferentes en cada encuesta en función de la realidad política y económica del momento.

Estoy convencido de que los demócratas españoles queremos seguir perfeccionando el funcionamiento de las estructuras del Estado de Derecho y de los gobiernos y parlamentos. Por ejemplo, mediante la reforma de la Constitución y otras leyes orgánicas, la reducción del nivel de confrontación de la vida parlamentaria y la recuperación de la capacidad de grandes consensos entre partidos de diferentes bloques.

De esa manera, aumentaría la confianza de la sociedad en gobiernos que tienen que servir para ordenar mejor nuestra convivencia, lograr la redistribución de la riqueza por la vía de la fiscalidad, organizar la defensa de los intereses generales y garantizar la vigencia de los principios propios de un Estado de Derecho. Especialmente en este periodo en el que vamos a abordar una nueva transición, decisiva para una recuperación social y económica sostenible, que sería la consecuencia de una gestión ágil, eficiente, transformadora del modelo económico y transparente de los fondos europeos.

Por eso necesitamos fortalecer la democracia cada día, conscientes de que su credibilidad está vinculada a la capacidad y acierto del Estado con todas sus administraciones -incluída la Justicia- para resolver conflictos y atender buena parte de las demandas y necesidades ciudadanas en un tiempo de crisis y desesperanza. En plena pandemia y hablando de salud no vendría mal una vacuna que inocule en el cuerpo social los valores de una ética democrática que cree suficientes anticuerpos para imposibilitar la corrupción.

Sin duda, una valoración positiva de la ciudadanía hacia el sistema democrático guarda relación con la aplicación de políticas de progreso que mejoren la calidad del empleo y combatan las desigualdades, que amplíen los derechos y libertades de un Estado Social, que supongan nuevas iniciativas legales para prevenir y castigar la corrupción, que moderen la confrontación partidista y promuevan la creación de nuevos cauces para la participación, el control y la rendición de cuentas, la integridad en el ejercicio de la política y la transparencia. En sentido contrario, una gestión de la crisis económica que se traduzca en más empleo precario, salarios indignos, recortes de derechos sociales y de libertades provocan, en buena parte de la ciudadanía, una disminución de la confianza en la democracia y sus instituciones.

El mundo vive un siglo XXI sometido al fenómeno de la globalización desregulada y pendiente de los avances tecnológicos en manos de unos pocos. Un tiempo lleno de incertidumbres y nuevos desafíos como la llegada de pandemias y grandes catástrofes naturales derivadas de la crisis climática, el poder incontrolado de los fondos de inversiones y de los gigantes digitales con sus privilegios fiscales o la revolución tecnológica que puede sustituir o influir, con el uso de los algoritmos y la inteligencia artificial, en el pensamiento y las decisiones de la población.

Todo ello nos obliga a repensar la vieja democracia liberal y a construir una Gobernanza democrática de dimensión planetaria que permita articular instrumentos normativos de control y regulación. Es necesario responder a los problemas y efectos negativos de la globalización, replanteando y reforzando el papel de las instancias y organismos internacionales de carácter multilateral, como la ONU, la Organización Mundial de la Salud, El Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio.

En este escenario adquiere pleno sentido fijar la mirada en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de Naciones Unidas: “La libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana. Es esencial que los derechos del hombre y la mujer sean protegidos por un régimen de derecho, a fin de que no se vean compelidos al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”

Ante semejante panorama, nada puede unir más a la humanidad que la bandera de la democracia para poner en valor sus convicciones y principios. Como conclusión, no olvidemos nunca que defender la democracia exige fomentar un activismo colectivo para innovarla y, a la vez, para responder a cualquier intento de involución, de asfixia desde las redes y a la amenaza autoritaria que representan el populismo trumpista y las fuerzas ultranacionalistas.

Estos movimientos avanzan con una amplia representación en toda Europa. En España, la antipolítica populista se llama VOX, un partido ultra que está apretando el espacio electoral de sus socios, la otra derecha.

Odón Elorza. Diputado por Gipuzkoa y responsable federal de democracia participativa y transparencia del PSOE.

San Sebastián 6 de marzo de 2021 / Publicado en Ethic.es 

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