La Constitución se muere entre cócteles y recepciones de quienes la incumplen.

La celebración del aniversario de la Constitución entre cócteles complacientes y actos sociales, en vez de convocar acciones de compromiso político en favor de su urgente reforma, me parecen a estas alturas una demostración de puro cinismo.

Los socialistas hemos conmemorado el aniversario de la Constitución con una actitud reivindicativa, de lucha y de recuperación de la pasión por la democracia, reclamando su revisión y adaptación a las necesidades ciudadanas en el marco de una sociedad española sometida a una profunda crisis que va más allá de su grave dimensión económica y financiera.

Y no es que nos avergoncemos de nuestro papel como parte de la izquierda en aquella transición a la democracia que hizo posible un texto que, con sus limitaciones, significaba la recuperación de la libertad y sentaba las bases de una nueva convivencia. Fuimos conscientes de la dificultad de la tarea desempeñada en medio de tantos condicionantes y las presiones de los poderes fácticos.

La derecha de los Aznar y Rajoy que no estaba en 1978 en posiciones de clara convicción democrática, la actual dirección de IU que reniega de Carrillo y de aquel generoso PCE, así como los nuevos líderes "chavistas-socialdemócratas", unos por defecto y otros por exceso, no son capaces de plantear una propuesta estratégica de entendimiento que pudiera corregir las claras insuficiencias y lagunas de una Constitución caduca.

El país está roto; en su espíritu de unidad democrática; en su ánimo, ante incertidumbres que parecen insuperables (tanto para los jóvenes que se ven obligados a emigrar, como para los mayores que necesitan volver a trabajar para alcanzar un periodo de cotización que les permita una pensión digna); en sus valores colectivos y en sus principios, a la vista de la corrupción y de las políticas contrarias a la igualdad y la solidaridad que impone la derecha gobernante.

Soportamos a una derecha contraria a la urgente Reforma Constitucional porque viven entre Babia y la luna de Valencia. Un PP y un Presidente de plasma que se han parapetado tras el muro ciego e infranqueable de su mayoría absoluta. Y, mientras, se acumulan los problemas en la calle y se inunda de miseria moral la sede de Génova.

Este Gobierno insiste en negar el reconocimiento de la España diversa y plurinacional, en rechazar que la Constitución ha de garantizar los derechos sociales básicos de la ciudadanía, en dificultar la efectiva división de poderes e insiste - ¡cómo no! - en su cerrazón a crear vías para abrir una democracia más participativa.

Mientras tanto, en un emotivo acto en el que he intervenido junto a Pérez Tapias y los dirigentes socialistas de Cazalla de la Sierra, reunidos junto al mausoleo levantado el año pasado - 35 años después del final de la dictadura y una vez que localizaron una fosa común con los restos de 109 fusilados de la comarca por los fascistas -, dos centenares de socialistas hemos reclamado una Constitución asentada en la ética, los principios federales y la búsqueda de la igualdad. También hemos recordado la Memoria de las víctimas republicanas del franquismo.

No seremos nosotros quienes sacralicemos un texto constitucional muy devaluado, justifiquemos el torpedo de la reforma del artículo 135, ni neguemos que el pacto constitucional de 1978 se encuentra moribundo porque se incumple al atacar las bases del Estado Social de Derecho y porque la mayor parte de los partidos firmantes ya no respaldan el texto.

La derecha en el poder -que no es la sucesora de Suárez, sino de Fraga-, no entiende que el mejor reconocimiento y muestra de respeto a la Constitución sería, precisamente, abordar su reforma para ponerla al servicio de las necesidades ciudadanas, de la regeneración democrática del sistema político y de una alternativa económica que conlleve otro reparto de los sacrificios y de la riqueza.

En esa tarea, que requiere diálogo y la búsqueda del entendimiento entre diferentes para que el nuevo pacto constitucional dure muchos años, se encuentra el PSOE. En una apuesta casi en solitario, frente a los inmovilistas y a quienes hoy desprecian, de modo injusto, el trabajo de la oposición democrática en la dura transición.

Odón Elorza

Artículo publicado en Publicoscopia

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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