Ante el Comité Federal : lo que no puede ser en el PSOE.

En vísperas del Comité Federal, mi sentido de lealtad y pertenencia al PSOE me llevan a plantear algunas reflexiones y propuestas para ayudar a superar esta agonía. Ruego que por mis palabras no se me acuse de traición.

Me refiero a cómo están configurados el poder y los liderazgos dentro del PSOE desde siempre. Los tiempos son propicios para promover una auténtica revolución organizativa en una estructura que condiciona el debate interno, la libertad de opinión, la rendición de cuentas y, en definitiva, la democracia interna.

Estoy convencido de que las reformas a realizar en el Comité Federal llegan muy tarde y serán insuficientes. Lo digo, de entrada, por quienes las plantean y por la desafección que se ha extendido en la sociedad española. Y añado que difícilmente servirán para interesar a la ciudadanía o que serán suficiente para recuperar parte de la confianza y la credibilidad perdidas en los últimos episodios de corrupción … y por comportamientos políticos desacertados desde el punto de vista de la concepción de la democracia, del ejercicio del poder y del Estado de Derecho.

Por tanto, dudo que estos cambios sean una respuesta suficiente y efectiva al escenario de final de ciclo que vive el PSOE y quienes somos parte de su militancia. Durante años nos hemos cansado de repetir que la acumulación de cargos y la ausencia de un régimen de incompatibilidades más severo impedía un funcionamiento más democrático y no favorecía los comportamientos éticos.

No puede ser que la composición de la Comisión Ejecutiva Federal se confunda con el Consejo de Ministros, ante la presencia de gran número de altos cargos de las administraciones, lo que impide que Ferraz tenga un papel propio y ejerza un control de las tareas de gobierno. No puede ser que el Presidente y la Vicepresidenta primera del Gobierno sean también los máximos responsables de la dirección del partido.

No puede ser que haya miembros de la CEF que tengan cargos orgánicos en sus territorios y además sean diputados o cargos públicos muy relevantes. La concentración de poder anula la función de debate y de control de la CEF.

No puede ser que la Comisión de Ética dependa de la dirección del partido en vez de ser independiente. No puede ser que el Comité Federal se haya convertido en un órgano para realizar performances de cara a los medios, de autopropaganda de los secretarios generales territoriales y de los máximos representantes socialistas en las CCAA, de alabanza al Secretario General y de desprecio a las intervenciones críticas.

No puede ser que la férrea disciplina y la actitud acrítica se impongan en las reuniones parlamentarias de los grupos socialistas. (Podría contar mi experiencia personal para ilustrar el nivel de seguidismo que abunda en las instancias de dirección del PSOE). Tampoco puede ser que las consultas a la militancia estén trucadas con preguntas incompletas y ausencia de un debate previo. Esto es, que solo sirvan para refrendar lo ya actuado y decidido arriba.

No puede ser que el máximo líder decida de repente y sin ninguna consulta, abrir un periodo de reflexión de cinco días para decidir por si mismo si deja la Presidencia o continúa en La Moncloa tras provocar una manifestación en Ferraz de adhesiones inquebrantables. Hacer eso y hablar de regeneración política es una contradicción.

No puede ser que la ausencia de una cultura política real de rendición de cuentas y de asunción de responsabilidad política por los nombramientos de dos secretarios de organización acusados de corrupción, no obligue al Presidente a presentar, ante el Parlamento que le eligió en la investidura, una iniciativa constitucional y de ética democrática.

Lo que está en juego es una cuestión de confianza en Pedro Sánchez y, lo que resulta más trascendental, en el PSOE.

 

Odón Elorza / Militante del PSOE

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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