Maldita pandemia que pone de manifiesto la recesión de la democracia y la fatiga ciudadana.

Esta nueva recesión de la actividad económica en la que nos ha instalado la pandemia, podría conllevar una recesión de la democracia si las instituciones no aciertan en la adopción de medidas para frenar la COVID y recuperar la economía y el empleo. En la medida en que la democracia no sirva para acordar y gestionar mejor la salida de la crisis sanitaria, social y económica, se puede dar una pérdida de credibilidad del sistema democrático en su función de garante de una convivencia más justa que promueva la cohesión social. 

La ciudadanía valora la democracia en función del nivel de justicia social que procura (extensión de los servicios públicos y redistribución de rentas), del logro de un funcionamiento eficaz de las administraciones así como por el grado de transparencia y de confianza que inspiran sus líderes e instituciones para responder a las inquietudes de la sociedad.

Cuando las respuestas políticas tardan o resultan fallidas, más aún en situaciones de emergencia como la crisis mundial provocada por la COVID, crecen las incertidumbre, la desconfianza en las instituciones, el miedo y la inseguridad entre la población.

Llevamos una larga etapa en la que el sistema democrático, a nivel mundial, da muestras de agotamiento, fatiga y de estar lento de reflejos a la hora de afrontar los desafíos de la humanidad. Este clima favorece los discursos del populismo nacionalista más reaccionario y de la extrema derecha, que desprecian los valores y mecanismos de la democracia. 

Las próximas semanas serán cruciales para afrontar nuestros graves problemas que requieren decisiones concertadas y empatía con los sectores sociales más vulnerables para devolver la confianza a la ciudadanía en la acción institucional. En España, los Gobiernos de todo color y ámbito  han de ser priorizar lo público y el interés general para gestionar juntos, desde la colaboración y la lealtad, las políticas que requiere una situación de emergencia.

Contamos con una gobernanza propia de un Estado descentralizado que ha depositado competencias como la sanidad y la educación en las CCAA. Se trata de que los Gobiernos Autonómicos las ejerzan con rigor en el marco de un proceso de diálogo y cooperación permanente con el Gobierno central. 

Sin embargo, es vergonzoso observar a aquellas autoridades que tratan de escapar de su responsabilidad mintiendo a la ciudadanía y que son incapaces de planificar las medidas y aplicarlas a situaciones problemáticas previsibles hace meses.

Ahora se acumulan problemas como la protección de las Residencias de Mayores, la vuelta a la escuela pero con protocolos garantistas, las necesarias y retrasadas contrataciones de personal educativo y sanitario, recursos eficientes de prevención y rastreo de los brotes, adaptación de la legislación sanitaria, tramitación ágil de los ERTEs y del Ingreso Mínimo Vital, metodología para la determinación con acierto de los proyectos con financiación europea, etc ..

A estas alturas, arrastramos una fatiga de la democracia, lo que provoca fatiga en la población -en expresión acertada de Antoni Gutierrez Rubi- y el hastío ciudadano ante la continua confrontación y la crispación de la vida política. Esto se da en momentos en los que todos los esfuerzos debieran estar centrados en salvar vidas humanas y en recuperar empleos, aportando soluciones ante las incertidumbres que quitan el sueño a millones de hombres y mujeres que no tienen por qué renunciar a sus sueños en este Planeta enfermo.

El problema no reside en la estructura autonómica y en la transferencia de competencias, sino en la mediocridad de algun@s gobernantes de CCAA que actúan con incapacidad e ineficacia. La gobernanza democrática exige de las partes cooperación y sentido de Estado.

El deber de actuar juntos contra la pandemia y sus efectos nos da una oportunidad para cohesionar la estructura autonómica y perfeccionar su relación con el Gobierno central. Para ello necesitaremos aplicar los principios de la cultura federal: diálogo, lealtad, cooperación, coordinación y gobernanza compartida.

La Conferencia de Presidentes, potenciada por el Presidente Pedro Sánchez, podría ayudar a resolver disfunciones y recelos así como a priorizar la defensa del bien común. 

 

Odón Elorza / Diputado del PSOE por Gipuzkoa / San Sebastián 24 de agosto de 2020.

Publicado en el Diario Público.

Odón Elorza

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