Dignificar la política como tarea urgente.

"Se impone una reflexión sobre nuestro modelo de democracia, surgido hace más de 30 años con los condicionantes y limitaciones del periodo de transición de la dictadura a la democracia en España"

Arrastramos un grave problema de deterioro de la democracia en España que con la crisis encendió todas las alarmas. Y ni el Gobierno de Rajoy ni la oposición podemos ignorar la existencia de un elevado descontento de la ciudadanía hacia la política, unido a un descrédito de los políticos, partidos e instituciones. La sociedad española desconfía del sistema institucional por los vicios acumulados y se indigna con el papel de la política, incapaz de aplicar la equidad en el reparto de sacrificios a la hora de afrontar la crisis económica y financiera.

Vivimos en una democracia que ha perdido calidad y con unos poderes públicos mediatizados en sus decisiones por las exigencias y condiciones que marca la Troika y las presiones de los mercados especulativos. Una situación que empuja a la ciudadanía a la calle y que expresa el fracaso de la política y del Parlamento como depositario de la soberanía popular. Pero reconocido lo anterior, no es cierto que todos los políticos sean iguales y corruptos. No estoy dispuesto a aceptarlo, ni a guardar un silencio cómplice.

Las manifestaciones de rechazo que se iniciaron con el 15-M en la última etapa de Zapatero han aumentado con el gobierno del PP. Son una respuesta a la intensificación de las políticas de ajuste presupuestario, a los engaños, a los recortes sustanciales de derechos sociales y laborales y a una democracia limitada. Además, los desprecios y la prepotencia del PP está vaciando peligrosamente de contenido un Parlamento que, en estos momentos de convulsión, debería ser más que nunca el centro de la vida política.

Somos conscientes de que el déficit y las carencias de la democracia vienen de atrás, que a lo largo de los años el sistema institucional ha venido acumulando desviaciones y errores y que la evolución de la sociedad y sus requerimientos no se han traducido en transformaciones del funcionamiento de nuestra democracia ni del sistema económico. Es el caso de los nombramientos para ocupar responsabilidades en los altos organismos del Estado que se siguen realizando con criterios partidistas que no garantizan su independencia en las labores de control que tienen encomendadas. El último ejemplo es precisamente el tipo de nombramiento que ha hecho el PP para la presidencia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

La corrupción no atajada, el distanciamiento entre política y ciudadanía, la incapacidad del Gobierno de cumplir sus compromisos electorales, el peso de la partitocracia y la ausencia de cauces de control y participación de la ciudadanía en las decisiones influyen cada día en el deterioro de la democracia. Así corremos el riesgo de que el hueco que van dejando las ideas democráticas se vaya ocupando por posiciones populistas y autoritarias.

Sin embargo, la derecha parece no ser consciente en este año de gobierno de una situación que requiere un pacto de Estado con medidas democratizadoras consensuadas en el Congreso para regenerar la vida política, afrontar la crisis con actitudes de diálogo e impulsar una democracia más avanzada y de más calidad. Y no lo hace porque no siente pasión por la democracia y aprovecha su mayoría absoluta para inutilizar los mecanismos de control del Parlamento sobre el ejecutivo. Esto se traduce en la falta de transparencia y de rendición de cuentas. Es, por tanto, el momento para que el PSOE acabe su travesía del desierto y tome la iniciativa.

La crisis económica y política que padecemos representa una oportunidad para abordar profundos cambios normativos -incluida la reforma Constitucional- y transformación de comportamientos que refuercen la democracia y aporten credibilidad a la política. Hoy, más que nunca, necesitamos más y mejor democracia; esa es también la alternativa para combatir la crisis desde una gobernanza abierta que busque la implicación y complicidad de toda una sociedad que necesita desesperadamente encontrar una esperanza de futuro.

Por tanto, se impone una reflexión sobre nuestro modelo de democracia, surgido hace más de 30 años con los condicionantes y limitaciones del periodo de transición de la dictadura a la democracia en España. Sin olvidar que los partidos políticos, hoy desprestigiados, han de ser actores fundamentales en el fortalecimiento de la democracia. De ahí la necesidad de revitalizar su democracia interna a la hora de elegir a dirigentes y candidatos a cargos públicos, así como hacer transparente su financiación y los sueldos de los políticos.

Se trata de conseguir que los partidos actúen como organizaciones cívicas transparentes y abiertas a la sociedad para que sean percibidas por la ciudadanía como un instrumento válido para la organización de la convivencia y la defensa del interés general.

Regenerar la política obliga a cambiar la forma de actuar proponiendo reformas legales sobre el sistema institucional y el mundo de la política, facilitar cauces de iniciativa popular en el Congreso, abrir una investigación sobre la mala gestión de Bankia y las Cajas, innovar el sistema electoral, impedir la acumulación de cargos y limitar los mandatos, combatir con eficacia y dureza la corrupción y potenciar el funcionamiento independiente y eficiente de organismos reguladores como el Tribunal de Cuentas para el mejor control del ejecutivo y de unas administraciones públicas que han de ser transparentes como el cristal.

Por todo lo anterior, es urgente devolver la dignidad a la política, recuperando el compromiso de que ha de estar al servicio de la ciudadanía como una tarea cargada de ética y de épica; especialmente para los socialistas.

 

Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa.

Publicado en El Diario Vasco el 26 de noviembre de 2012

Odón Elorza

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